marzo 14, 2011

Oh, por favor, dime que me dejarás ser...









D


ía de grandes sorpresas, que como de costumbre me hacen sentarme a escribir no sólo con la convicción de que plasmar en estas líneas algo de mis sentimientos liberará algo de presión y amor, sino además con la sensata-sensación de saber que no hay otro camino para hacerlo.

Si los días comunes y corrientes fueran una realidad, donde nuestra cotidianidad no hace más que llevarnos por los caminos conocidos, no estaría escribiendo ahora esto… esta cotidianidad es la que más nos hace encerrarnos en un pequeño mundo donde están todas nuestras seguridades cerca, todos nuestros elementos de apoyo a la mano y donde nuestra zona de confort nos permite libremente mirar hacia abajo donde los demás… o por encima del hombro.

Pero no es más que un pequeño mundo, no es más que una idea, un imaginario que nos permite funcionar… pero que al mismo tiempo nos hace prisioneros, al no poder expandir nuestros pensamientos más allá de esos límites que son tan claramente conocidos que dejan de ser muros que nos retienen para convertirse en rejas que nos protegen, de ida o de venida la división es la misma, nos detienen, nos separan, nos limitan.

Cuando piensas en cómo se construyó esa zona de protección/prisión tendrás que regresar a muchos años atrás donde al comenzar a vivir encontrabas tus primeras sonrisas, tus primeros gestos de aprobación o de rechazo, cuando al convivir, en tu forma pequeña con otros seres podrías formar lazos afectivos desde el amor genuino, desde la aceptación a quien eres y lo que representas. Aunque también encontrar miradas ruines, mezquinas, limitantes, vigilantes, normalizadoras, que vas agregando a tu cúmulo de experiencias y que es a través de ellas que vas encontrando cómo comportarte, cómo dirigirte, cómo hablar, cómo vivir.

Eso en otra etapa más grande, con más años y más preguntas se convierte en una nueva experiencia el descubrir que no eres parte de los otros como un ser-accesorio de quienes hasta ese momento considerabas los más sabios, los más experimentados, los que tenían todas las respuestas y los que simplemente ostentaban la autoridad, el amor, la protección. Es en esta etapa donde descubres que eres divisible de ellos, de aquellos quienes te enseñaron como vivir y que ahora puedes elegir; claro, el problema es que en esta etapa de todos esos descubrimientos no puedes elegir algo concreto pues todos los días encuentras nuevos elementos que aderezan la vida, cómo elegir algo si mañana descubrirás nuevas sensaciones, nuevos sentimientos, nuevas formas de estar con y para los otros.

Y con todo y eso, el mundo no se detiene y te toca decidir para dónde ir y qué harás con lo que resta de tu vida, y así lo hacemos todos y cada uno de nosotros lo hacemos así. Algunos lo hacen sin siquiera darse cuenta y deciden no decidir, quedarse solamente como veleta, como basura que lleva el viento u hoja que arrastra el río. Otros siguen la corriente que aun cuando asegura un camino ya recorrido, también ofrece retos y desventuras pues no tienen memoria genética como las mariposas monarcas del camino a casa, en suerte tienen saber cuál es el camino en general pero no los detalles, como color de piel de quien estará a su lado, ideología, frustraciones, miedos, barreras, evasiones… pero creen que por estar en el camino general, se está bien. Otros tratan afanosamente de encontrar su camino entre preguntas y respuestas hacía sí mismos cada día en cada experiencia, buscando en cada rincón, en cada persona, en cada mayor, sabio, historia, pasado un poco de luz del lugar donde están, para poder (desde ahí) construir un camino que si bien no es conocido, será el propio.

Todo ello toca hacerlo no cuando se está perfecto en todos los aspectos, emocional, laboral, profesional, familiar, amoroso, social, político, cultural, etc… No, toca hacerlo al mismo tiempo que toca vivir cada uno de ellos (y recordemos que son un enorme entramado que no tiene separación generalmente uno del otro) y todos al mismo tiempo. Nos toca experimentar y preguntar y en un ritual de ensayo y error aprender a identificar lo mejor y lo no tan mejor para nosotros.

Es ahí, en ese ensayo y error donde vas descubriendo lo que te falta, lo que en el tiempo pasado, ese muy muy lejano, no se te dio o se te quito o simplemente se te hizo creer que no merecías; en es ensayo y error es cuando piensas que esa mirada inquisidora ganó más terrenos que la sonrisa amorosa y que eso te llevo a crear una reja donde mostrar quien eres ya no es tan fácil por temor a otra mirada, sacrificando la sonrisa. Es donde te das cuenta que ese muro que te protege del dolor, fue creado en el primer abandono… pero que ahora es tan grande que no existe el abandono si nadie está cerca y promete quedarse.

Asi uno a uno, podemos ir encontrando donde se formó mi figura de pareja, mi miedo a la autoridad, al éxito o al fracaso, mi “precaución” extrema de aquel que parece diferente o mi absurdo ritual antes de comprar algo. ¿Te suena conocido?

Y como es costumbre ya, te sigue tocando encontrar soluciones al mismo tiempo que vas generando nuevos problemas, te toca buscar nuevos patrones, figuras, ideales, rituales, ideologías mientras te sigues metiendo en problemas, cometiendo errores, lastimando la misma herida con los viejos patrones, figuras, ideales, rituales, ideologías, etc.

Así… como dejar entrar el amor a tu casa, en la figura de un hombre o mujer amable, con los valores de la cordialidad, la solidaridad y el apoyo, si temes, huyes, frustras, saboteas pues todo cuando te lleva el recuerdo, el acto o el pensamiento es al lugar común de la gran reja, protectora y divisora de ti y de los otros, creada para no permitir más daño.

Ves porque ahora nuestras casas tienen rejas en las ventanas y más de dos cerraduras en las puertas, porque dejamos de vivir en los parques, de jugar en los patios… para guarecernos en la “seguridad” de nuestras cuatro paredes, un piso y un techo… pero mientras más segura es esa casa, más prisión es para quien la habita. Generalmente esa casa empieza en nuestra mente, en nuestro corazón. Esa es la primer parte de la historia… la otra, la segunda y las que seguirán, están resolviéndose en mí… así como espero lo estén haciendo en ti…


Oh Yeah, I’ll Tell You Something
I Think You’ll Understand
When I’ll Say That Something
I Want To Hold Your Hand

Oh Please, Say To Me
You’ll Let Me Be Your Man
And Please, Say To Me
You’ll Let Me Hold Your Hand
Now Let Me Hold Your Hand
I Wanna Hold Your Hand

And When I Touch You I Feel Happy Inside
Its Such A Feeling That My Love
I Can’t Hide, I Can’t Hide, I Can’t Hide

Yeah, You’ve Got That Something
I Think You’ll Understand
When I’ll Say That Something
I Want To Hold Your Hand