Al decir adiós olvidas tantas cosas, movimientos, momentos, suspiros, sin razones, anhelos, y sobre todo olvidas el cansancio de volver a buscar.
Sólo lo recuerdas cuando minutos después, én la comodidad del pavimento, bajo la compañía de los árboles del otoño, y con la caricia del agua de la fuente del jardín; vea tus pies avanzar solos, en un par, por el sendero, por la magia del recorrido.
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